Clausulas Abusivas

¿Qué es una cláusula abusiva?

Una cláusula abusiva, también conocida como cláusula leonina, es toda cláusula contractual no negociada individualmente, predispuesta, cuya incorporación viene impuesta por una sola de las partes, que va en contra de la buena fe, y causa un grave desequilibrio en los derechos y obligaciones de las partes en perjuicio del consumidor.

¿Donde suelen existir cláusulas abusivas?

Suelen estar en los contratos que firmamos a diario, en la póliza del seguro de hogar, de salud, del vehiculo, en los contratos de telefonía, Internet, de luz, gas, en los contratos que firmamos con las agencias de viajes, en los de transportes, en las compras por Internet, en los de compraventa de viviendas, vehículos y por su supuesto en los contratos que firmamos con los bancos y entidades financieras. La realidad es que están tan extendidas que se hallan incorporadas en la mayor parte de los contratos que suscribimos en nuestra vida diaria.

¿Que supone para el consumidor firmar un contrato con cláusulas abusivas?

La existencia de dichas cláusulas supone que la empresa que las ha redactado obtiene alguna ventaja que no le concede la Ley. Así por ejemplo, dejan la existencia o efectos del contrato a la voluntad del empresario, limitan nuestros derechos, el empresario puede incumplir sus obligaciones sin consecuencias para él, mientras que si es el consumidor el que incumple se le imponen penalizaciones o indemnizaciones desproporcionadas, etc.

¿Cómo hacer que una cláusula abusiva no me sea aplicada?

La Ley las considera nulas de pleno derecho. No obstante el empresario que la ha redactado la querrá hacer valer para que el consumidor la cumpla, en ese caso el consumidor debe actuar como si dicha cláusula no existiera dado que las cláusula abusivas se tienen por no puestas.

Si ya se ha padecido un perjuicio porque se nos ha aplicado debemos acudir a los Tribunales quien declarara su nulidad, restableciendo la situación al estado en que estarían las cosas si no se hubiese aplicado o reconociéndonos el derecho del que se nos ha privado con su aplicación.

En la mayoría de las ocasiones no las reconocemos, pero están ahí, privándonos de nuestros derechos por lo que se hace imprescindible que los contratos se revisen antes de su firma y sino ha sido posible después de ello a fin de que no nos sea aplicada evitándonos los perjuicios que ello nos podría suponer.

Un ejemplo claro de este tipo de cláusulas, en la llamada Cláusula Suelo de los préstamos hipotecarios usadas por los banco, sin embargo la mayor parte de los afectados no lo advirtieron, habiéndoles ocasionado importantes perjuicios económicos, que se traducen en un cuota hipotecaria superior a la que debería haber sido y de lo que sólo se han beneficiado las entidades financieras.

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